A veces perdemos la perspectiva. Muchas veces estuvo desaparecida en mi caso.

Hace poco mas de un año cuando finalizo uno de los semestres recuerdo que recibí un sms de una profesora de Taller, la materia más importante de la carrera, ya que en ella se suponer que debemos aplicar todo lo aprendido en todas las demás, además de que su nombre real es “Diseño Arquitectónico”. El caso es que el sms me citaba para ir al cubículo de profesores.
Cuando finalizo ese semestre no estuve contenta con el resultado, estaba muy clara que pude haber dado mucho mas de lo que di y obviamente mis calificaciones no fueron las mejores. Estaba súper nerviosa, en la noche no pude dormir pensando que podrían decirme al día siguiente, ¿para que querrían hablar conmigo?, ¿sobre que?. Como de costumbre pensé lo peor, que quizás me dirían que ya no iba a seguir en esa unidad de Diseño, que le diera el cupo a alguien mas o que abandonara la carrera, que buscara algo mas porque la arquitectura obviamente no era mi fuerte entre un sin fin de cosas pesimistas que ahora mismo no recuerdo.

Llego el día siguiente, me pare un poco tarde y en efecto llegue casi una hora mas tarde de la que me habían dicho (PARA COLMO). Con toda la vergüenza del mundo entre al cubículo, estaba la profesora que me envió el mensaje y me dijo que esperara a que llegara otro profesor que sería quien hablaría conmigo. No espere mucho, si fueron 5 minutos estaría exagerando pero juro que fueron ETERNOS…

Llego el profesor y nos quedamos a solas, comenzó a hablarme de los diferentes tipos de alumnos que habían pasado por la unidad, los dividió en grupos, unos con menor capacidad teórica pero gran producción, otros con gran capacidad teórica e igual producción, y así hasta llegar a un grupo con enorme capacidad teórica pero su capacidad de producción era básicamente nula en comparación… en ese grupo estaba yo. Sus palabras no dejaban de sorprenderme, a veces intento recrear los hechos para saber si fue que me equivoque pero no, me dio muchísimos consejos y entre ellos iba un regaño… ¿QUE TE ESTA PASANDO?, estaba “desperdiciando mi talento”, tenía que dedicarle más tiempo a la carrera, dejar el miedo a corregirme y pedir ayuda si así lo necesitaba.
Recuerdo que salí del cubículo comprometiéndome a poner de mi parte, prometí que me esforzaría así me costara la vida, que iba a corregirme mínimo una vez por semana y que si tenia dudas no dudaría (valga la rebuznancia) en buscarlos para que me dieran una mano.

Comenzó el semestre, y no me corregí como había prometido, no fueron tantas veces, y en realidad con cada corrección me sentía súper mal, era desmoralizantes, en gran parte porque yo así lo permitía. Me deje afectar tanto que tire la toalla antes de tiempo. Cuando vino la primera pre-entrega volvió el regaño, y esta vez público… “¡eres de las mejores! ¿que te esta pasando?”. Esta vez me prometí a mi misma que lucharía por mi diseño, que no iba a defraudar la confianza que mis profesores habían depositado en mi. A un mes de la entrega final de semestre me enferme con paperas…

El día final de la entrega nunca llegue, no me dio chance a terminar y llegue a las 12 cuando la entrega era a las 7 de la mañana. Además de que el sábado a las 7 de la noche había perdido TODO lo que había hecho gracias a una famosa pantallita azul de las de Windows.

Agosto 2008 lo pasé MUY MAL. No quería salir de casa, había defraudado a mis profesores, a mis amigos, a mis padres… pero sobre todo a mi.

Tiempo después y ahora entiendo que mi problema era/es/fue que no creía en mi, no importaba que viniera el mismo Le Corbusier o Zaha Hadid a decirme que yo tenía talento… YO, Zahamira Patricia González Cassis me creía muy poca cosa para la unidad, que tenía poco que aportar en mi salón de clases, poco que aportarle a mis compañeros, que la arquitectura me quedaba demasiado grande…

Hoy entiendo que la arquitectura me mueve el piso, que respiro por ella, que es mucho más que una pasión, ¡que es más que amor!… ¡es frenesí!. Hoy entendí que soy yo quien debe creer en mi, y lucho por ello.

Hoy se que el cielo es la meta, y la arquitectura mi camino. Aunque me tropiece, aunque me tarde no 5 sino 6 o 7 años… es mi camino.

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