El martes debía ir, a las 10 y lo olvide por completo. Eran las 11 y media cuando me desperté, cuando salí del baño recordé que tenía cita y solo pude llevarme las manos a la cabeza y decir ¡LA PUTA!… ¿que más carajo?.

Hoy descubrí que me cuesta ir, que tengo miedo de ir, tengo miedo de hablar sobre lo que me sucede. Me di cuenta que me da vergüenza y corte conversar sobre lo que hago o dejo de hacer. Tarde poco en notar lo que hacía y concluí que lo que me daba miedo no era ir a mi cita como de costumbre, sino escuchar en voz alta lo que tenía que decir porque no era Gio quien me iba a juzgar sino yo.

Debo dejar de ser tan dura conmigo misma.

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