Cada decisión que tomamos trae consecuencias, buenas o malas pero son reacciones en cadena a partir de la acción de elegir un camino u otro. Muchas veces no queremos lidiar con ellas, por cansancio, por miedo, por simple flojera o apatía y es en estos momentos cuando nos detenemos a pensar antes de tomar una determinación sobre cualquier situación que se nos presente.
El rechazo, la crítica, la burla, las ofensas, son por lo general varias de las consecuencias que arrastran decisiones que están relacionadas con grandes cosas y debo confesar que estos hechos me dejan un enorme silencio interno que me cuesta un mundo enfrentar. 
Pero entonces ocurre que una vez que asumes una posición llegan personas relacionadas directa o indirectamente con el tema y son capaces de fusilarte si es preciso, todos se sienten muy afectados, reparten sus juicios como si no hubiese un mañana pero en especial soluciones porque todos son muy capaces y se las saben todas mas una. 
Hoy cabe la posibilidad de que me esté equivocando, de que la decisión que he tomado sea completamente errada pero creo que lo importante no es la posibilidad de estar equivocada sino que estoy dispuesta asumir lo que vendrá, que sin importar que pueda ocurrir al menos podré estar tranquila de que me atreví a salir del molde, a proponer algo distinto sólo para ver que podía ocurrir.
Si me equivoco podré rectificar pero si no lo intento seré una conformista y eso… jamás.
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