Tuve miedo de creer que tenía miedo de estar sola… ¿se entiende?.
Un día me desperté con ganas de que hubiese alguien que me llamara por teléfono para hablarme de sus días, alguien que se interesara por mis cosas, que saliéramos a comer, a ver películas, a hacer nada y todo a la vez. Hubo un día que me invadieron unas inmensas ganas de ser un “nosotros”.
¿De verdad quería eso?, ¿de verdad estaba aburrida de mi soltería?… ¿le estaría teniendo miedo a la soledad?. 
Cuando en repetidas ocasiones te preguntan por “el novio” que no existe y te encuentras rodeada de parejas, empiezas a dejar entrar ideas en tu cabeza que no estaban allí.
Me dejé de tonterías y me puse muy guapa, me vestí para enamorar y me maquille para sentirme sexy porque tenía una cita. Mi cita era con mi soledad, quise hacer cosas por mi, para mi. Quise sentirme cómoda estando sola, yendo a lugares a divertirme sola y riéndome sola si era preciso.
Debo confesar que hubo un momento incómodo cuando entré a ver una película y me di cuenta que era la única en la sala que iba sola, y no es que habían grupos… no señor, ¡todos en la sala eran parejas!. 
¿Yo?, yo fui con la morena más sexy que conozco, la que veo en el espejo todos los días.
No le tenía miedo a la soledad, no le tengo miedo a la soledad, y quedé mucho más tranquila.
Sigo queriendo ser un “nosotros”… y mucho tiempo me ha costado aceptar que quiero enamorarme.
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