Todos en la vida alguna vez hemos tenido una relación tormentosa, de esas que te marcan y te dejan secuelas que te obligan (inconscientemente) a actuar de cierta manera.
Nos volvemos cínicos, me volví cínica, me costó creerme un cumplido, un “te quiero” y un sin fin de cosas más.
Cuando te liberas de todo, cuando comienzas a creer porque QUIERES creer y te gusta lo que sientes entiendes que sólo desde la oscuridad se aprecia verdaderamente la luz.
No te lo he dicho pero me haces feliz.
Me gusta sonreír, me haces sonreír.
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