Un mes.
Un centímetro.
Es de madrugada, lo se porque está sonando la alarma, debo despertarme y no quiero y decido apagarla.
Vuelve a sonar, porque eso tiene mi teléfono, parece que me conociera y que supiera que en el momento en que esté más despierta me voy a volver loca por haberme quedado dormida. No lo puedo evitar y debo salir de la cama.
Llevo mi cuerpo al baño, es lo primero que hago desde que tengo uso de razón. Muy dormida agarro el cepillo de dientes y me echo un poco de agua en la cara para intentar despertarme.
Odio al mundo, yo quiero seguir durmiendo.
No desayuno, no tengo tiempo, nunca tengo tiempo, esto se ha hecho rutina el despertar malhumorada y salir corriendo porque debo salir media hora antes o sino llegar tarde.
Llego, hay un poco de cola en la entrada que siempre se forma y a mi me da fobia porque igual todos entraremos pero la gente se desespera un poco por llegar primero así que se invade un poco el espacio personal.
Frío, en estos salones siempre me da frío. Intento pensar que el tiempo pasará rápido, que es mejor anotar todo y de esa manera me “engaño” a mi misma con que estoy prestando atención.
Me distraigo de nuevo y veo por la ventana, me enamoro de un árbol y pienso que si algún día tengo una casa propia me gustaría tener uno como ese.
Frío, de nuevo tengo frío y miro con timidez las otras personas que ven clases conmigo, o los que si ven clases porque yo estoy allí sin estar.
No se que pasa, todos los días es lo mismo, no tengo interés, me siento en la mesa a hacer 4 líneas y a llorar como idiota pensando en que soy una inútil y que de nuevo me he equivocado.
Noches sin dormir, llanto silencioso y un miedo terrible a decepcionar a todos porque esto que era lo que yo más quería lo estoy arruinando OTRA VEZ.
Un sueño, una idea y un “¿qué pasaría si… ?”.
Lo comento, lo digo en voz alta, me he decidido.
Toca preparar todo, hay mucho sacrificio y un gran desprendimiento.
Un día me vi al espejo y supe que aunque en algunas cosas me estaba yendo muy bien en lo más importante no era así. Que había construído una fachada perfecta para tapar un edificio que se caía a pedazos, porque yo había olvidado incluso como respirar.
Me decidí, cuando tomé esta decisión estaba muy segura de que debía comenzar de nuevo, de cero, de corazón, desde la garganta, el estómago y las entrañas.
Cuando lo dije en voz alta me llame loca a mi misma y reí porque si, estaba loca y me había vuelto demasiado cuerda… fue allí cuando me perdí a mi misma.
Llegó el momento, ansiedad, lágrimas, abrazos, palabras, imágenes, familiares nuevos y muchos sonidos totalmente nuevos para mi pero que aunque mi cerebro no conociera mi corazón si lo hacía.
Fui feliz, había vuelto a nacer…
Hoy es un mes. Hoy tengo un centímetro (y un poco más) de cabello.
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