El otro día me paso algo bastante curioso. Fue una reacción que tuve que de alguna manera me sorprendió a mi misma.
Creo que a estas alturas todos hemos visto el video de KONY 2012, (si no lo has hecho te sugiero que lo hagas). Yo no había terminado de ver el video cuando ya lo había compartido por todas mis redes, me pareció importante hacerlo y seguí lo que me dictaba la razón.
Un amigo dejó una opinión muy fuerte cuando compartí el video en facebook, una opinión demasiado cruda y era una provocación a molestarme, a que reaccionara de mala manera y lo se porque me lo dijo, quería que debatiéramos sobre el tema y pensé… ¿para qué?. Creo que muchas veces nos dejamos llevar por el instinto primitivo de “luchar”, aunque solo sea con palabras, por defender nuestros puntos de vista, por querer tener la razón pero… ¿para qué?, ¿con qué fin?. Realmente yo no iba a cambiar su opinión, de hecho, aunque no estaba de acuerdo con lo que el planteaba entendía su razonamiento y desde sus zapatos pensé que tenía razón. Pero en mi caso era distinto, mis motivos iban mucho más allá de la razón o la lógica.
Si la lógica realmente no ve contenido, ni ética, ni moral… no podemos recurrir a ellas en todos los casos de la vida. La relaciones humanas son complicadas y abarcan temas más profundos y complejos como los sentimientos y la subjetividad que para nada son compatibles con la lógica. Entonces… ¿de qué vale exponer mi punto de vista en un tema tan delicado?.
La política, la religión y el sexo son temas que desde mi opinión carecen de lógica. Quizás sea por ello tan difícil debatirlos y colocar la posición de cada cual en tela de juicio se convierte en un acto completamente absurdo.

Mi reacción fue borrar su comentario, no quise debatir porque aunque hablásemos del tema no llegaríamos a ningún lado o probablemente si, quizá yo quedaría pensando que es un troglodita, que por personas como él el mundo está como está y el quizás concluiría que soy una hippie y que vivo más en las nubes que con los pies sobre la tierra…
Y probablemente sea así, probablemente la idea de un mundo mejor o de que puedo hacer algo con el simple hecho de compartir un video en facebook me haga sentir mejor aunque desde la perspectiva del problema realmente no esté haciendo absolutamente NADA.
Lo realmente importante es no enfrascarse en querer hacer que los demás piensen de la manera que yo lo hago, y esto es realmente difícil porque suelo ser testaruda y mucho. Pero es un ejercicio de respeto, de respeto incluso por el espacio ajeno en donde aunque yo esté en desacuerdo con lo que otras personas piensen… dejo ser, no me enfrasco, no intento hacerte ver mi punto de vista.

NO es un ejercicio fácil, siempre habrá quien tergiverse palabras o hechos, quien juzgue sin piedad y quien decida etiquetarme de la manera que mejor le parezca o cómodamente le salga del forro… ¿para qué nos vamos a mentir?.

Lo realmente genial es la belleza de pensar dos veces antes de actuar y no hacer nada… no hacer absolutamente nada. Encuentras paz en el vacío.

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